1930 (26 de septiembre): El giro de la Internacional Comunista y la situación en Alemania
6. ¿Dónde esta la salida?
Hasta aquí, hemos ofrecido un análisis sin ningún adorno ni indulgencia y los peligros que se desprenden totalmente de la esfera política subjetiva; proceden principalmente de los errores y los crímenes de la dirección de los epígonos y, hoy en día, comprometen manifiestamente la nueva situación revolucionaria que, en nuestra opinión, está en trance de crearse. Los funcionarios, o bien ignorarán nuestro análisis, o bien renovarán sus stocks de injurias. Pero no se trata de estos funcionarios incurables, sino de la suerte del proletariado alemán. En el partido, incluido el aparato, hay un buen número de personas que observan y reflexionan, y a los que el carácter de la situación obligará mañana a reflexionar con una intensidad redoblada. Es a ellos a quienes destinamos nuestro análisis y nuestras conclusiones.
Toda situación de crisis contiene factores importantes de indeterminación. Los estados de ánimo, las opiniones y las fuerzas, tanto hostiles como amigas, se forman en el proceso mismo de la crisis. Es imposible preverlos por adelantado de forma matemática. Hay que medirlos en la lucha, por medio de la lucha, y aportar a la política las correcciones necesarias basándose sobre estas mediciones sacadas de la vida.
¿Se puede estimar de antemano la fuerza de la resistencia conservadora de los obreros socialdemócratas? No. A la luz de los acontecimientos de los últimos años esta fuerza parece gigantesca. Pero el fondo del problema está en que la política errónea del partido, que ha encontrado su expresión más acabada en la absurda teoría del socialfascismo, es lo que más ha favorecido la cohesión de la socialdemocracia. Para medir la capacidad de resistencia real de la socialdemocracia hay que encontrar otro instrumento de medida, es decir , es necesario que los comunistas se doten de una táctica correcta. Si esta condición es cubierta -y no es condición despreciable- se descubrirá, en un plazo relativamente corto, hasta qué punto la socialdemocracia está roída en su interior.
Lo que hemos dicho hasta ahora se aplica igualmente al fascismo, aunque de otra forma. Se ha desarrollado en condiciones diferentes, gracias a la levadura de la estrategia zinovievista-stalinista. ¿Cuál es su fuerza ofensiva? ¿Cuál es su estabilidad? ¿Ha alcanzado su punto culminante, como afirman los optimistas profesionales, o está dando solamente sus primeros pasos? Es imposible predecirlo mecánicamente. Sólo se puede determinar a través de la acción. Es precisamente con respecto al fascismo, que es como una navaja de afeitar en manos del enemigo de clase, que una política errónea del partido comunista puede, en un plazo muy corto, conducir a un resultado fatal. Por otra parte, una política acertada puede -esto es cierto a mucho más largo plazo- minar las posiciones del fascismo.
En el momento de la crisis del régimen, el partido revolucionario es mucho más fuerte en la lucha de masas extraparlamentaria que en el marco del parlamentarismo. Con una sola condición, no obstante: que comprenda correctamente la situación y que sea capaz de ligar prácticamente las necesidades reales de las masas a las tareas de la conquista del poder. Actualmente, todo se reduce a eso.
también sería un grave error no ver en la situación alemana actual más que dificultades y peligros. no, la situación ofrece igualmente enormes posibilidades a condición de que sea analizada en profundidad y utilizada correctamente.
¿Qué hacer para ello?
Hay que rechazar inmediatamente la oposición abstracta entre los métodos del segundo y el tercer período. Hay que tomar la situación tal como es, con todas sus contradicciones y dentro de la dinámica viva de su desarrollo. Hay que adaptarse atentamente a los cambios reales de esta situación y actuar sobre ella en el sentido de su desarrollo efectivo, y no por complacencia hacia los esquemas de Molotov o Kuusinen.
Orientarse en la situación es la tarea más difícil, y la más importante. Uno no puede satisfacerse con métodos burocráticos. Las estadísticas, por importantes que sean, son insuficientes para este propósito. Hay que estar cotidianamente a la escucha en profundidad del proletariado y de los trabajadores en general. No solamente hay que avanzar las consignas vitales que son retomadas por las masas. Sólo un partido que tenga por todas partes decenas de millares de antenas, que recoja sus testimonios, que examine todos los problemas y que elabore activamente una posición colectiva, podrá alcanzar un objetivo semejante.
Para arrancar al partido de su prisión burocrática es indispensable verificar globalmente la "línea general" de la dirección alemana, desde 1923 e incluso desde las jornadas de marzo de 1921. La Oposición de Izquierda ha dado, en una serie de documentos y de trabajos teóricos, su valoración de todas las etapas de la funesta política oficial de la Internacional Comunista. Esta crítica debe convertirse en parte del bagaje del partido. No lograra eludirla ni reducirla al silencio. El partido no se elevará a la altura de sus grandiosas tareas sin una valoración libre de su presente a la luz de su pasado.
No hay ninguna duda de que los dirigentes de la socialdemocracia y una pequeña capa de la aristocracia obrera prefieren una victoria del fascismo a la dictadura revolucionaria del proletariado. Pero precisamente la inminencia de esa elección está en la base de las inmensas dificultades que conoce la dirección socialdemócrata cara a sus propios obreros. La política de frente único de los obreros contra el fascismo se desprende de toda la situación. Ofrece al partido comunista enormes posibilidades. Pero la condición del éxito estriba en el abandono de la práctica y la teoría del "socialfascismo", cuya nocividad se está volviendo peligrosa en las condiciones actuales.
La crisis social provocará inevitablemente profundas fisuras en el edificio socialdemócrata. La radicalización de las masas tocará igualmente a los obreros socialdemócratas antes de que dejen de serlo. Deberemos, inevitablemente, concluir acuerdos contra el fascismo con las diferentes organizaciones y fracciones socialdemócratas, planteando a sus dirigentes condiciones precisas ante las masas. Sólo los oportunistas asustados, aliados ayer de Cook, Chiang Kai-chek y Wang Tin-wei, pueden atarse las manos por adelantado contra estos acuerdos por una obligación formal. Hay que abandonar las declaraciones vacías de los funcionarios contra el frente único para volver a la política de frente único tal como fue formulado por Lenin y aplicado siempre por los bolcheviques, y muy particularmente en 1917.
La consigna de la unificación proletaria de Europa es al mismo tiempo un arma muy importante en la lucha contra el chovinismo abyecto de los fascistas, frente a su cruzada contra Francia. La política más peligrosa y más incorrecta es la que consiste en adaptarse pasivamente al enemigo, en hacerse pasar por él. A las consignas de desesperación nacional y de locura nacional hay que oponer las consignas que proponen una solución internacional. Pero, para esto, es indispensable limpiar al partido del veneno del socialismo nacional, cuyo elemento esencial es la teoría del socialismo en un solo país.
Para condensar todo lo que hemos dicho hasta ahora en una fórmula simple, planteemos el problema de la manera siguiente, ¿debe situarse bajo un signo ofensivo o defensivo? A eso respondemos: defensivo.
Si el enfrentamiento tuviese lugar hoy, como consecuencia de la ofensiva del partido comunista, la vanguardia proletaria se estrellaría contra el bloque constituido por el Estado y el fascismo, refugiándose la mayoría de la clase obrera tras una neutralidad temerosa y perpleja; en cuanto a la pequeña burguesía, en su mayoría apoyaría directamente al fascismo.
Una posición defensiva implica una política de acercamiento con la mayoría de la clase obrera alemana y el frente único con los obreros socialdemócratas y sin partido contra el peligro fascista.
Negar este peligro, minimizarlo, tratarlo a la ligera es el peor crimen que se puede cometer hoy contra la revolución proletaria en Alemania.
¿Que va a "defender" el partido comunista? ¿La constitución de Weimar? No, esa atención se la dejamos a Brandler. El partido comunista debe llamar a la defensa de las posiciones materiales e intelectuales que la clase obrera ha conquistado ya en el estado alemán. Lo que está en juego es la suerte de las organizaciones políticas y sindicales, de su prensa, de sus imprentas, de sus clubes y sus bibliotecas. El obrero comunista debe decirle al obrero socialdemócrata: "La política de nuestros partidos es inconciliable; pero si los fascistas vienen esta noche a destruir el local de tu organización, yo vendré en tu ayuda con las armas en la mano. ¿Prometes tú acudir en mi ayuda en el caso de que ese mismo peligro amenace a mi organización?" Esa es la quintaesencia de la política del período actual. Toda la agitación debe ser desarrollada en este espíritu.
Cuanto más desarrollemos esta agitación con perseverancia, con seriedad, con reflexión, sin los aullidos y las fanfarronadas que tanto hastían a los obreros, más pertinentes serán las medidas organizativas defensivas que vayamos a proponer en cada fábrica, en cada barrio obrero, menor será el peligro de que el ataque de los fascistas nos coja desprevenidos, y mayor será la seguridad de que este ataque soldará y no dividirá las filas de los obreros.
En efecto, los fascistas, por el hecho de su éxito vertiginoso, por el hecho del carácter pequeñoburgués, impaciente e indisciplinado de su ejército, se sentirán inclinados a pasar al ataque en el próximo período. Intentar actualmente competir con ellos en este terreno sería no solamente desesperado, sino también mortalmente peligroso. Por el contrario, cuando más aparezcan los fascistas a los ojos de los obreros socialdemócratas como el campo que ataca, más posibilidades tendremos no sólo de aplastar la ofensiva de los fascistas, sino también de pasar a una contraofensiva victoriosa. La defensa debe ser vigilante, activa y valerosa. El Estado Mayor debe cubrir con la vista todo el campo de batalla y tener en cuenta todos los cambios para no dejar pasar una nueva modificación de la situación, porque entonces se tratará de dar la señal para el asalto general.
Hay estrategas que se pronuncian siempre y en cualesquiera circunstancias por la defensiva. Los brandlerianos, por ejemplo, son de este tipo. Asombrarse de que hablen hoy, una vez más, de defensiva, sería totalmente pueril: lo han hecho siempre. Los brandlerianos son unos de los portavoces de la socialdemocracia. Nosotros, por el contrario, debemos aproximarnos a los obreros socialdemócratas sobre el terreno de la defensiva para arrastrarlos en seguida a una ofensiva decisiva. Los brandlerianos son totalmente incapaces. Cuando la correlación de fuerzas se modifique de forma radical a favor de la revolución proletaria, los brandlerianos aparecerán una vez más como un peso muerto y como un freno para la revolución. Esta es la razón por la que una política defensiva, que busque una aproximación con las masas socialdemócratas, no debe implicar en ningún caso una atenuación de las contradicciones con el estado mayor brandleriano, tras del cual no estarán nunca las masas.
En el marco del reagrupamiento de fuerzas, caracterizado hasta aquí, y de las tareas de la vanguardia proletaria, los métodos de represión física aplicados por la vanguardia proletaria, los métodos de represión física aplicados por la burocracia stalinista en Alemania y en otros países contra los bolcheviques-leninistas toman una significación muy particular. Es un servicio directo hecho a la policía socialdemócrata y a las tropas de choque del fascismo. En contradicción total con las tradiciones del movimiento proletario revolucionario, estos métodos responden perfectamente a la mentalidad de los burócratas pequeñoburgueses, que se apegan a su salario garantizado desde arriba y temen perderlo con la irrupción de la democracia dentro del partido. Las infamias de los stalinistas deben ser objeto de un amplio trabajo de explicación, lo más concreto posible, cara a desenmascarar al papel de los funcionarios más indignos del aparato del partido. La experiencia de la URSS y de otros países prueba que aquellos que luchan con el mayor frenesí contra la Oposición de Izquierda son tristes señores que tienen la absoluta necesidad de disimular a la dirección sus errores y sus crímenes: dilapidación de fondos públicos, abusos de poder, o simplemente incapacidad total. Está perfectamente claro que la denuncia de las hazañas brutales del aparato stalinista contra los bolcheviques-leninistas se verá más coronada por el éxito cuanto más ampliamente desarrollemos nuestra agitación general sobre la base de las tareas expuestas con anterioridad.
Si hemos examinado el problema del giro táctico de la Internacional Comunista únicamente a la luz de la situación alemana es porque la crisis alemana sitúa hoy al partido comunista alemán, una vez más, en el centro de la atención de la vanguardia proletaria mundial, y porque a la luz de esta crisis aparecen todos los problemas con mayor relieve. No sería difícil, a pesar de ello, mostrar que lo que se ha dicho aquí se aplica también, más o menos, a los demás países.
En Francia, todas las formas tomadas por la lucha de clases después de la guerra tienen un carácter infinitamente menos agudo y decisivo que en Alemania. Pero las tendencias generales del desarrollo son las mimas, por no hablar, evidentemente, de la dependencia directa que liga la suerte de Francia a la de Alemania. Los giros de la Internacional Comunista tienen, en todo caso, un carácter universal. El partido comunista francés, proclamado desde 1928 por Molotov primer candidato al poder, ha llevado adelante en estos últimos años una política totalmente suicida. En particular, no ha visto el ascenso económico. En Francia fue anunciado un giro táctico en el momento en que la recuperación económica dejaba paso a una crisis. De este modo, las mismas contradicciones, las mismas dificultades y las mismas tareas de las que hemos hablado a propósito de Alemania, están también a la orden del día en Francia.
El giro de la Internacional Comunista, en relación con el cambio de la situación, coloca a la Oposición Comunista de Izquierda ante tareas nuevas y extremadamente importantes. Sus fuerzas son reducidas. Pero cada corriente se desarrolla paralelamente a sus tareas. Comprenderlas claramente es poseer una de las garantías más importantes de la victoria.